El gran auge de las tecnologías de comunicación en nuestro país, sin duda ha revolucionado nuestra forma de vivir y trabajar. Algunos ejemplos de ello están dados por el hecho que la penetración de celulares llega hoy casi al 100% y por la existencia de más de 1,5 millones de conexiones a Internet de banda ancha. En este contexto, las redes de comunicación se han transformado en el tiempo en algo ubicuo, omnipresente.
Sin embargo, hay un punto que, a mi juicio, todavía esta pendiente y que se relaciona con el ámbito de la construcción. Y es que esta hiperconectividad, de la que somos testigos, está imponiendo una serie de nuevos desafíos a dicho sector.
Uno de ellos se relaciona con la actual necesidad de considerar, tanto en el diseño como en la ejecución de los proyectos inmobiliarios en general, un mayor espacio y mejor acceso para la implementación de redes alámbricas y/o inalámbricas de alta capacidad, en cualquier momento y lugar.
Para nadie es un misterio que en la actualidad disponemos de cientos de dispositivos para comunicarnos que no tienen cabida o cuya implementación se hace engorrosa en las construcciones actuales.
Por ejemplo, a diferencia de los que sucede con los automóviles, que cuentan en sus parabrisas con una zona definida para la instalación del TAG, lo que facilita una limpia y fluida conexión con los pórticos de las diferentes autopistas, las actuales edificaciones no disponen en sus muros de áreas menos densas que posibiliten una ininterrumpida comunicación inalámbrica entre un espacio y otro, y/o faciliten el despliegue de cableado.
No hay que olvidar que en una empresa hay un mundo de soluciones inalámbricas pensadas justamente para enfrentar las numerosas dificultades existentes al momento de cablear una oficina o edificio. Las capacidades inalámbricas crecen y crecen, pero también aumenta la urgencia de enviar cada vez más información a través de las redes.
Es por ello que se requiere de una infraestructura constructiva más flexible que esté pensada para modificar las redes de cables y también para instalar dispositivos que permitan las comunicaciones inalámbricas.
Por otro lado, las actuales redes de los operadores de telecomunicaciones cada vez tienen mayor capacidad de transmisión, pero al interior de construcciones muy densas esta señal no llega porque no atraviesa las gruesas paredes de hormigón armado.
En los ascensores o subterráneos no contamos con una buena cobertura celular ni WIFI. Por ende, si queremos contar con ella se hace necesario extender cableado o poner antenas repetidoras al interior de esos lugares.
Un buen diseño constructivo debe tomar en cuenta esta hiperconectividad, que no sólo requiere de conexión al interior sino que también al exterior de un inmueble. Esto ultimo significa que los puntos de datos debieran estar disponibles en cualquier lugar.
Por otro lado, tanto en el plano habitacional como laboral, existe una fuerte tendencia ligada a la eficiencia de los recursos. Este tema tiene mucho de automatización y la automatización, a su vez, requiere de conectividad.
En definitiva, para que lo anterior sea una realidad, es fundamental que los arquitectos, ingenieros y las constructoras se sienten a conversar con expertos en comunicaciones y redes, con el objeto de identificar aquellos obstáculos y puntos críticos que nos impiden estar hiperconectados.
Por Cristián Cáceres, Gerente de Negocios, Grupo Teknos
Cobertura de esta nota en Prensa:
■ Revistas Digitales:
Revista Tecnología y Construcción (página 30, Edición N°49, Noviembre 2009)
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